Cómo llevar nuestro gato al veterinario

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Si somos los felices propietarios de uno o de varios gatos, sabemos que es necesario visitar nuestra clínica veterinaria al menos una vez al año, bien sea para vacunarlos, desparasitarlos, para su revisión anual que nos permitirá conocer si nuestros felinos se encuentran sanos o porque no se encuentran bien. Pero

en muchas ocasiones llevar a nuestros gatos al veterinario se convierte en una tarea estresante tanto para el propietario como para su gato.

Vamos a facilitaros algunos consejos para que la visita sea placentera.
1. El transportín es un amigo: debe resultar un objeto familiar para nuestro gato de modo que no debe estar escondido debajo de una cama o en el trastero y sacarlo solo el día que visitamos al veterinario. Debe estar en un lugar visible al menos dos o tres días antes de la visita, abierto, de forma que lo pueda inspeccionar y salir y entrar de el sin problemas; así podrá frotarlo con su cara para que no lo considere como un objeto extraño y si un objeto que le pertenece.
2. Acondicionar el transportín: con una mantita que le sea familiar, o con algunos de sus juguetes para que tenga estímulos positivos y rociándolo con feromonas en spray para que note el efecto tranquilizador. Es una buena idea premiarle con alguna golosina cuando entre voluntariamente.
3. Utilizar el trasportín adecuado: el más adecuado es uno rígido, de material plástico y con la parte superior desmontable, que facilite el manejo sencillo del gato cuando va al veterinario. Permite al gato permanecer en la base del mismo durante el examen sin necesidad de sacarlo. Esto reduce sensiblemente el estrés del gato. Intenta evitar transportínes en los que sea necesario forzar al gato para salir. Es mucho más complicado sacar a un gato de una bolsa de viaje (se enganchan las uñas) y también convencerle de que entre en una superficie inestable que se mueve sin cesar.
4. Transporte: es útil cubrir el transportín con un paño o manta de forma que no le molesten ruidos y voces y sienta que está en su refugio.
Sabemos cómo son nuestros gatos y que requieren de mucha paciencia, pero que no sea ésta una excusa para no visitar al veterinario, la prevención y detección a tiempo de cualquier anomalía es un seguro de vida. Pensad que algunas enfermedades puedan pasar desapercibidas en sus primeras fases, y que, al cabo de un tiempo, cuando finalmente nos decidimos a visitar la clínica, la enfermedad puede haber avanzado de manera preocupante.